Desde que nacemos nuestros padres tratan de enseñarnos muchas cosas. Primero a coordinar nuestros movimientos, luego a caminar y a hablar. Cuando ya dominamos estas bases, empieza un aprendizaje cuya única intención es la preparación para un futuro trabajo. En algunos países los niños ya desde muy temprana edad van a la escuela para conseguir estos conocimientos. En Francia el kinder comienza a los 2,5 años y de manera lúdica se aprenden las letras del alfabeto y los números. En algunos países empiezan aun mas temprano, mientras gente pobre de países menos desarrollados se mete a trabajar en cuanto puedan.
Las habilidades que obtenemos por la escuela nos sirven para encontrar un trabajo. Cubren los temas que con el tiempo resultaron importantes en nuestra sociedad: Matemáticas, idiomas, física, biología, filosofía, política, medicina,… En realidad son útiles solo para la comprensión del sistema en el que nos hallamos, pero no para entender lo que va mas allá.
Las noticias que vemos todos los días se refieren a una pequeñísima parte del mundo, la que consideramos importante. Cuando mueren alemanes en accidentes en el extranjero por ejemplo. Nadie habla de un chino asesinado en África o los demás millas de personas por las que no se interesa nadie. Dicho de otra manera nuestra sociedad en los países “desarrollados” se interesa por hechos que son muy limitados y que salvo tal vez la filosofía no nos llevan a ninguna parte. La materia que se enseña en las escuelas, las universidades y otras instituciones nos permite vivir dentro del sistema existente y al mismo tiempo entender su funcionamiento. Aprendemos la medicina para curar enfermedades que hemos causado nosotros mismos, como el SIDA. Indígenas de varias partes del mundo comprueban que no es necesaria la medicina que aplicamos nosotros. Ellos poseen de habilidades que ya hemos perdido desde hace mucho tiempo siempre basándonos en lo que generaciones anteriores de nuestra misma sociedad nos han transmitido y perdiendo así sucesivamente los conocimientos de origen.
Los que no siguen nuestra idea de “progreso” o los que todavía no están en el mismo nivel de tecnología los consideramos países “menos desarrollados”. Uno debe preguntarse si lo que definimos como “desarrollo” o “progreso” lo es de verdad. Una vez privado de todo este “desarrollo” y del sistema, acabamos desamparados, sin saber que hacer o como sobrevivir. Estamos tan acostumbrados a todo nuestro entorno y nuestros habitos que frecuentemente se nos olvida que a lo mejor nuestro mundo como lo conocemos no es lo único existente o que ni siquiera existe.
Nunca se nos ocurriría tratar de regresar a la base para saber si no estamos equivocados o para intentar a crear otro tipo de sistema muy distinto.